Por Redacción
Puebla, 19 de marzo de 2026.- La industria automotriz en Puebla vive dos realidades contrastantes: mientras la planta de Audi en San José Chiapa analiza trasladar la producción del modelo Q5 a Estados Unidos para evitar aranceles del 27.5%, el proyecto nacional Olinia confirma que finalizará la ingeniería de sus primeros prototipos a finales de este mes, consolidando una alternativa de movilidad eléctrica fabricada en México.
La posible reubicación de la línea de ensamblaje de Audi responde a las presiones comerciales de la administración de Donald Trump, que ha impuesto gravámenes severos a vehículos producidos fuera de suelo estadounidense. Según reportes de la industria, la marca alemana estudia utilizar la planta de Volkswagen en Chattanooga, Tennessee, para absorber la producción del Q5, decisión que pondría en riesgo la operación actual en San José Chiapa, donde se generan 5,241 empleos directos y se ensamblan más de 124,000 unidades anuales.
Roberto Capuano, director ejecutivo de Olinia, confirmó que los trabajos de ingeniería para los primeros modelos concluirán a finales de marzo de 2026. Este avance marca un hito para el desarrollo de tecnología automotriz nacional, que busca llenar el vacío que podrían dejar las grandes armadoras extranjeras si deciden migrar su producción. El proyecto contempla poner en circulación vehículos con un precio proyectado entre 90,000 y 150,000 pesos, con una autonomía de 300 a 350 kilómetros y una velocidad máxima de 50 km/h.
El escenario actual refleja la vulnerabilidad de la cadena de suministro mexicana ante cambios bruscos en la política arancelaria de su principal socio comercial. El impuesto del 27.5% se compone de un 25% por no cumplir totalmente con el Valor de Contenido Regional exigido por el T-MEC y un 2.5% de tarifa estándar, lo que ha erosionado los márgenes de ganancia de las exportaciones desde Puebla hacia el mercado norteamericano durante el último año.
En contraste con la incertidumbre de la inversión extranjera, la meta financiera de Olinia se sitúa en 200 millones de dólares para consolidar su primera fase operativa. La apuesta por un vehículo eléctrico de origen mexicano busca no solo cubrir la demanda de transporte urbano, sino también demostrar la capacidad de la ingeniería local para competir en un mercado globalizado y protegido por barreras comerciales.
La situación en San José Chiapa mantiene en alerta a la red de proveedores locales, quienes temen un impacto directo en sus operaciones si se concreta el traslado de la producción del Q5. Mientras Audi continúa en análisis para sortear los aranceles, el sector automotriz en Puebla observa con atención el desenlace de estas dos trayectorias: la posible fuga de capitales industriales o el surgimiento de una nueva industria nacional sostenible.