Por Redacción
La Habana, 23 de marzo de 2026.- El Sistema Eléctrico Nacional de Cuba inició procesos de recuperación este lunes tras sufrir su segundo apagón masivo en lo que va de la semana, el séptimo registrado en un año y medio. Según informó la Unión Eléctrica (UNE), las labores de restauración han permitido reconectar cinco de las 16 centrales térmicas afectadas, logrando normalizar el suministro para el 70 por ciento de los usuarios en la capital.
Lisner Cruz, jefe del despacho nacional de carga de la UNE, detalló mediante declaraciones en la televisión estatal que aún permanecen pendientes de restauración 90 circuitos para completar la normalización del servicio. Las autoridades energéticas trabajan contrarreloj para estabilizar la red, aunque no se ha especificado un tiempo estimado para la reconexión total en todas las provincias, incluyendo zonas como Guantánamo que también enfrentan interrupciones.
El Ministerio de Energía y Minas mantiene la supervisión de las operaciones sin haber emitido hasta el momento un comunicado oficial sobre las causas técnicas específicas que detonaron esta nueva falla sistémica. La recurrencia de estos eventos, con siete colapsos totales en 18 meses, evidencia la fragilidad de la infraestructura eléctrica cubana frente a la demanda energética del país.
A pesar de la crisis operativa actual, análisis de contexto histórico señalan que la capacidad de respuesta del sector se ha basado tradicionalmente en iniciativas de adaptación tecnológica. Expertos recuerdan que prácticas de “desobediencia tecnológica”, atribuidas originalmente a gestiones de Ernesto Che Guevara, han permitido sostener el funcionamiento del sistema en condiciones adversas, aunque la magnitud de los apagones recientes sugiere que estas medidas son insuficientes ante el deterioro acumulado de las plantas generadoras.
Mientras continúan los trabajos de reparación, la población en La Habana y otras provincias permanece a la espera de que se complete el restablecimiento de los circuitos restantes. La situación pone de manifiesto los desafíos estructurales que enfrenta el sector energético cubano, donde la puesta en marcha de apenas un tercio de las centrales térmicas marca el ritmo lento de la recuperación tras el colapso del servicio.
