Por Redacción
Teheran, 19 de marzo de 2026.- La tensión militar en Medio Oriente alcanzó un punto crítico este miércoles tras el ataque atribuido a Israel contra el campo de gas South Pars, la reserva más grande del mundo y proveedora del 70 por ciento del gas doméstico iraní, lo que desencadenó una cadena de represalias contra infraestructura energética en Qatar y Emiratos Árabes Unidos, elevando el precio del petróleo Brent a 109 dólares por barril y provocando la muerte de cuatro mujeres en Cisjordania por impactos de misiles.
La Guardia Revolucionaria de Irán emitió un comunicado a través de la agencia Fars advirtiendo que continuará atacando la infraestructura energética de los aliados de Estados Unidos hasta su “completa destrucción” si se repiten las agresiones contra instalaciones iraníes, prometiendo una respuesta “mucho más severa” en caso de nuevos bombardeos. Esta declaración marca una expansión directa del conflicto que inició el 28 de febrero pasado, trasladando los combates desde objetivos militares hacia activos civiles y económicos estratégicos de la región.
En respuesta a los ataques contra sus aliados en el Golfo Pérsico, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, amenazó con la “destrucción total” de activos críticos de Irán si las agresiones no cesan inmediatamente. No obstante, surgieron contradicciones sobre la planificación de la ofensiva inicial; mientras Trump afirmó que Washington no tenía conocimiento previo del ataque israelí a South Pars, reportes de prensa indican que el mandatario conocía y respaldaba el plan operativo, lo que añade complejidad diplomática a la crisis.
El impacto humanitario del conflicto se extendió más allá de las instalaciones industriales. La Media Luna Roja palestina confirmó que cuatro mujeres murieron y otras seis resultaron heridas en la localidad de Beit Awa, cerca de Hebrón en Cisjordania, debido al impacto de misiles lanzados por fuerzas iraníes. Simultáneamente, el gobierno de Qatar reportó incendios y “graves daños” en sus instalaciones de gas natural licuado en Ras Laffan, confirmando la vulnerabilidad de la cadena de suministro energético global ante la escalada bélica.
Ante la gravedad de los eventos, el presidente de Francia, Emmanuel Macron, expresó su rechazo a los ataques contra infraestructura civil y solicitó una moratoria inmediata en las hostilidades, tras mantener conversaciones telefónicas con el Emir de Qatar y con Donald Trump. La intervención europea busca frenar una espiral de violencia que amenaza con desestabilizar no solo la región, sino la economía global dependiente de los hidrocarburos del Golfo.
En medio de las acusaciones mutuas, Tulsi Gabbard, directora de Inteligencia Nacional de EE.UU., presentó una evaluación ante el Comité de Inteligencia del Senado que contradice la justificación de la ofensiva basada en una “amenaza nuclear inminente”. Gabbard indicó que Irán no ha intentado reconstruir su capacidad de enriquecimiento nuclear desde el ataque de junio de 2025, conocido como Operación Martillo de Medianoche, lo que pone en duda los motivos estratégicos alegados por la administración Trump para la escalada actual.
La situación permanece volátil mientras la comunidad internacional monitorea los movimientos de tropas y la posible intervención de organismos multilaterales. La Organización Mundial de la Salud ha advertido sobre riesgos latentes de una crisis radiológica si las instalaciones nucleares iraníes llegaran a ser dañadas en futuros intercambios de fuego, aunque hasta el momento no existe evidencia pública de un ataque directo a reactores. Los mercados energéticos continúan en alerta máxima ante la posibilidad de que el conflicto cierre estrechos marítimos vitales para el transporte de crudo.
