Arguineguín, 11 de junio de 2026.- El papa León XIV criticó duramente a Europa y a la comunidad internacional por su gestión migratoria durante un discurso pronunciado en el muelle de Arguineguín, en la isla española de Gran Canaria. El pontífice afirmó que “no se puede hablar de dignidad y dejar que los mares sean cementerios” y advirtió que no se puede “proclamar la dignidad humana y acostumbrarse a que el Mediterráneo y el Atlántico sean cementerios sin lápidas”.
León XIV, quien se desplazó desde Barcelona hasta las islas atlánticas españolas, reprochó que “no basta gestionar llegadas, distribuir cifras, reforzar fronteras o lamentar las muertes cuando ya han ocurrido”. Sus declaraciones resonaron a solo 24 horas de que entre en vigor el Pacto Europeo de Migración y Asilo, un acuerdo que consagra el principio de retención en frontera y permite a los estados liberarse de acoger la cuota de refugiados que les corresponde si abonan 20.000 euros por persona para ayudar a los países receptores.
El muelle donde el papa habló fue conocido en 2020 como el “puerto de la vergüenza”, sitio donde se hacinaron más de 2.300 inmigrantes durante varios días. Ante este escenario, León XIV señaló que la acogida del migrante “no puede ser algo secundario ni delegado únicamente a algunos voluntarios” y aseguró que “la Iglesia no puede permanecer muda ante quienes son abandonados”.
En su exhortación, el pontífice demandó “una cooperación eficaz y perseverante” de toda la comunidad internacional. Pidió a los países de origen de los inmigrantes crear “condiciones de paz, justicia y desarrollo”, mientras que a los países de tránsito les solicitó “proteger y no dejar a los débiles en manos de redes criminales”.
León XIV enfatizó que “la dignidad humana exige vías legales y seguras, rescate y asistencia, cooperación real contra los traficantes, protección efectiva a las víctimas”. Cuestionó a “a quienes tienen en sus manos responsabilidades decisivas” preguntando: “¿qué mundo hemos construido, si tantos hermanos tienen que arriesgar la muerte para buscar vida?”.
Finalmente, el papa indicó que la situación en lugares “donde llegan tantas vidas heridas, despojadas de casi todo, pero nunca de su dignidad”, debe convertirse en un “examen de conciencia”. Instó a reconocer a Cristo “en quienes desembarcan marcados por el miedo, el hambre y la violencia, después del desierto, de la noche y del mar” y concluyó diciendo: “No podemos pasar de largo ante los cayucos y las pateras”.
