Países de Latinoamérica replican modelo de megacárceles de Bukele pese a dudas sobre su efectividad real

Por Redacción

Ciudad de Mexico, 23 de agosto de 2026.- En los últimos tres años, los presidentes de Colombia, Ecuador, Perú, Costa Rica, Panamá, Guatemala y Argentina han prometido la construcción de megacárceles como parte central de sus políticas para combatir el crimen organizado, siguiendo el ejemplo visible de Nayib Bukele en El Salvador.

Este fenómeno se ilustró claramente en enero, cuando el entonces electo presidente de Chile, José Antonio Kast, aterrizó en helicóptero en el Centro de Confinamiento del Terrorismo (Cecot) en El Salvador. En esa visita, Kast aseguró que su país necesitaba “importar buenas ideas y propuestas para combatir con fuerza al crimen organizado, el narcotráfico y el terrorismo”. Meses después, ya en el poder, trasladó a 400 reclusos de alta peligrosidad a la cárcel La Laguna en una puesta en escena similar a la que protagonizó Bukele en 2023 al estrenar el Cecot.

A pesar del atractivo político del modelo, datos de la investigación indican que el Cecot funciona desde hace un año y no es en realidad una megacárcel. Asimismo, si bien Bukele logró reducir la tasa de homicidios en El Salvador de 54 por cada 100.000 habitantes en 2019 a 1.9 en 2024, el nivel más bajo en tres décadas, la tendencia a la baja del crimen comenzó antes de su llegada al poder. Tras registrar un pico de 108 asesinatos por cada 100.000 habitantes en 2015, la tasa ya se había desplomado a la mitad cuando Bukele asumió el mandato.

La reducción de la violencia en el país centroamericano influye factores como un pacto previo con las pandillas y la encarcelación masiva sustentada en un estado de excepción que lleva más de cuatro años vigente. Esta medida ha provocado el encarcelamiento de casi el 2% de la población salvadoreña, incluyendo a personas posiblemente inocentes a las que no se les ha permitido un debido proceso.

Robert Muggah, experto en prevención del crimen y cofundador del Instituto Igarapé, explica por qué el concepto de megacárcel sigue atrayendo al electorado latinoamericano: “Toman algo abstracto, como el miedo a la delincuencia, la indignación ante las pandillas o la frustración por la impunidad y lo transforman en algo literalmente concreto. Se puede ver la cárcel, se pueden ver miles de detenidos, se puede ver al Estado aparentemente reafirmando su control”.

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