San José, 29 de mayo de 2026.- La ceremonia de entrega de la banda presidencial realizada el 8 de mayo de 2026, donde Rodrigo Chaves transfirió el mando a su heredera Laura Fernández, rompió con la tradición al no contar con la jerarquía católica para la bendición oficial. En su lugar, la oración fue dirigida por el pastor protestante Daniel Piedra, quien se presenta como embajador del Reino de los Cielos, y el sacerdote católico Sergio Valverde.
Durante el evento, desarrollado bajo la mirada del rey Felipe VI de España, el pastor Daniel Piedra leyó una oración mientras algunos diputados de la cuota neopentecostal de la bancada oficialista oraban con él. Piedra, quien relató haber llegado escoltado al estadio y ocupar un asiento especial frente a la tribuna, invocó: “Que el temor de Jehová sea sobre ellos y sobre los tres poderes de la República (…) Hoy levantas una Débora para esta nación. Y así como está escrito en el libro de Jueces, así lo veremos en Costa Rica, que por mano de mujer entregará el Eterno a sus enemigos”.
Este cambio refleja una transformación en el protocolo, pues hasta hace poco un obispo de la Iglesia católica dirigía la oración en las investiduras, compartiendo en ocasiones recientes el púlpito con dirigentes protestantes. La nueva mandataria, Laura Fernández, es descrita como una devota cristiana que se maneja con soltura en aguas protestantes, mientras que su predecesor, Rodrigo Chaves, se enemistó con la jerarquía católica durante su gobierno.
El sacerdote Sergio Valverde, quien participó en la bendición, maneja millonarios proyectos en barrios marginales del sur de San José y es visto más frecuentemente con autoridades del Gobierno que con sus superiores de la Conferencia Episcopal, institución cuya influencia se describe como menguante. Este escenario coincide con el ascenso en 2026 de nuevos grupos religiosos dentro del movimiento oficialista dominante.
Una cuarta parte de los escaños del nuevo Partido Pueblo Soberano (PPSO) son afines a iglesias cristianas, en un país donde las iglesias protestantes se han multiplicado en las últimas décadas, aunque a un ritmo menor que en otros países de la región. El propósito de estos grupos es sacudir a las élites e instaurar una suerte de “revolución conservadora” con un respaldo que viene desde Estados Unidos, infiltrando el poder de las iglesias evangélicas dentro del movimiento político ciudadano de manera más estratégica.
