Por Redacción
Ciudad de Mexico, 21 de agosto de 2026.- La cotización de la divisa mexicana cerró por debajo de las 17 unidades por dólar, situándose en 16.95 pesos por dólar el miércoles 19 de agosto de 2026. El peso mexicano no alcanzaba ese nivel desde el 31 de mayo de 2024, cuando rompió por primera vez esa barrera psicológica.
La presidenta Claudia Sheinbaum afirmó que la paridad cambiaria refleja la solidez económica de México y la certidumbre de los mercados extranjeros. “Si no hubiera confianza internacional en la economía mexicana, el peso no estaría como está”, declaró la mandataria. Sin embargo, Sheinbaum también reconoció la afectación a ciertos sectores: “Con el precio del dólar pues se pierden remesas, se pierden exportaciones”.
En cuanto a los efectos económicos, el economista Alejandro Gómez Tamez, director del Grupo Asesores en Economía y Administración Pública (GAEAP), señaló que el superpeso abarata importaciones, reduce el costo en pesos de insumos y maquinaria comprados en el exterior, ayuda a contener presiones inflacionarias y disminuye el costo de las deudas denominadas en dólares. Datos recientes indican que las importaciones de bienes intermedios crecieron un 25.8% en los primeros cinco meses de 2026.
No obstante, las cifras de comercio exterior muestran matices. Las ventas de mercancías al exterior crecieron un 24.6% anual medidas en dólares durante el primer semestre de 2026, pero expresadas en pesos su incremento real fue de apenas el 9.0%. Gómez Tamez explicó este fenómeno indicando que “exportar más dólares no necesariamente significa que las empresas exportadoras en México estén recibiendo proporcionalmente más pesos… dado que buena parte de sus costos (salarios, electricidad, renta, servicios, impuestos, transporte nacional) están denominados en pesos”.
Por otro lado, Felipe de Jesús Bello Gómez, director académico del Departamento de Banca e Inversiones de la UDLAP, advirtió que el fenómeno genera una “‘ilusión de riqueza’ que beneficia casi exclusivamente a los segmentos favorecidos que viajan o consumen importaciones”. El experto subrayó que las familias receptoras de remesas enfrentan una fuerte crisis debido a la conversión desfavorable combinada con el alza de precios local, hablando de “una carestía de alrededor del 30 al 35 por ciento en sus ingresos convertidos en gasto”.
